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Muchos negocios no nacen con organigrama.
Nacen con familia.
El papá compra, la mamá cuida la caja, el hijo atiende, el hermano vende y la esposa ayuda con las cuentas.
Al inicio, eso puede ser una gran ventaja.
Hay confianza, compromiso y sacrificio.
Pero cuando el negocio crece, esa misma confianza puede convertirse en el techo que impide avanzar.
Y no estamos hablando de un tema pequeño.
Según EY Perú, cerca del 80% de las empresas peruanas son familiares, generan entre 60% y 70% del empleo y aportan más del 40% del PBI.
A nivel global, el índice de EY y la Universidad de St. Gallen muestra que las 500 empresas familiares más grandes del mundo generan aproximadamente US$8.8 billones en ingresos y emplean a 25.1 millones de personas.
Y en América Latina, la OECD indica que las PyMEs representan el 99.5% de las empresas y cerca del 60% del empleo formal.
La conclusión es clara:
La empresa familiar mueve la economía.
Pero también enfrenta un gran riesgo: crecer sin reglas.
Porque el problema no es trabajar con familia.
El problema es trabajar sin puestos claros, sin indicadores, sin sueldos ordenados, sin separación entre caja familiar y caja del negocio, sin sucesión y sin saber quién decide realmente.
Por eso acabo de publicar en ESCALADOR un nuevo artículo donde explico cómo una empresa familiar puede pasar al siguiente nivel usando herramientas como:
FODA aplicado a la familia empresaria, protocolo familiar, organigrama por funciones, KPIs, sucesión, gobierno familiar y profesionalización sin sacar a la familia del negocio.
La idea central es simple:
La familia puede fundar una empresa.
Pero solo el orden puede hacerla crecer por generaciones.
Lee el artículo completo dentro de ESCALADOR aquí:
Nos vemos dentro.
Martin York

